Afuera hay un brisa fresca y llueve, es sábado a la noche, uno baja por las escaleras de madera de Claps, bar enclavado en el barrio porteño de Retiro; en un amplio sillón se lo ve a Marcelo Scornik, el Cuino sentado rodeado de amigos esperando su turno para subir al escenario para tocar el disco Cuino y sus amigos por tercera vez en directo.
La espera termina cuando las agujas un viejo reloj escondido en un rincón del lugar marca las 12.30 y el Cuino junto a sus amigos disparan los primeros acordes de Tranquila y Húmeda desde la guitarra del comandante Tito Losavio. “Hay un lugar donde todo esta bien donde mi aliento se pierde para siempre hay un lugar donde el vértigo se vuelve tranquilo y húmedo...”
La lista de canciones, machete escondido en uno de los bolsillos de la campera de Losavio, seguiría con Gata salvaje, Cacho de orgullo, Godoy cruz que con el paso los años y por razones geográficas se tendría que rebautizar Los rosedales, se confesó el Cuino.
Hubo momento para una dosis de cumbia con Eva y de alto voltaje con Sábado a la noche.
No solo el Cuino y Losavio estaban en ésta aventura, lo acompañaron Pablo Sbaraglia (teclados), Calcu Hernández (bajo), Federico Gil Solá (batería), Conejo Saquetti (armónica) y los coros de Paula Zotalis y Pablo Aladrén.
Otra vez, como en el festival Pepsi Music del año pasado El salmón, versionado por el Indio Solari, se hizo presente levantando la temperatura del lugar, por desde el escenario ya ardía desde el primer tema. Luego llegó La cocina Salteña.
Pipo Cipollati, referente de la banda Los Twist, fue el primer amigo de la noche que subió al escenario para cantar a dueto una versión muy particular de Metrosexual. A continuación, La canción que nunca te canté y desde la puerta llega el segundo invitado, en este caso invitada: Hilda Lizarazu (ex Man Ray) para interpretar la canción Me llaman Cuino.
De pronto cae otro amigo, el líder de Sueter, Miguel Zabaleta, para interpretar La canción que nunca que canté desde su voz.
Para el final y cierre definitivo, con un escenario donde cada vez había más gente, menos lugar pero más rock and roll se sumó otra vez Cipollati que junto al Cuino, Zabaleta y Lizarazu hicieron una versión alocada, que incluyó coreografía, de Pensé que se trataba de cieguitos de Los Twist.
“Lo bueno de escribir una canción es hacerlo con respeto y con estilo”, dice el Cuino desde la canción La cocina Salteña y algo de cierto hay en esa frase porque el Cuino más allá que no es cantante, el papel lo seduce y atrapa pero tiene escondida en un cajón, seguramente, bajo millones de llaves esa lapicera con la que escribió, escribe y estará escribiendo temas con una sencillez tan letal que asusta como lo hizo con Estadio Azteca y el mismo Salmón.
Ya lo definió su compadre Andrés Calamaro como un poeta volcánico y elegante, parte de “la literatura argentina no intelectual solamente porque tiene demasiado rock n roll, y eso debería ser considera una ventaja, no una desventaja”.
Mientras tanto salí de Claps con rumbo incierto en busca de algún techo que me protegiera de la lluvia con la sensación de que volví a ver a un tipo que resalta el valor de la canción (cascoteada en estos días), que le pone el pecho a lo que venga y que se la banca cantando. Hoy en día hay pocos que tengan esa personalidad y sobre todo aguante.
NOTA: Proximemente se subirán fotos del concierto.